Aquellos tiempos del futuro - Capítulo 3

Aquellos tiempos del futuro

Capítulo 3

Asha

El olor a magdalenas recién hechas y café, añadido a los cálidos rayos de sol que le calentaban la cara, consiguieron al fin despertar a Asha de su largo letargo. La noche anterior había sido complicada, había bailado durante horas en el local más chic de la ciudad, había bebido caros cócteles a cuenta de uno de los hombres con mayor poder de Santiago (y por ende de la república) y había consumido vistosas sustancias de colores cuyos nombres jamás llegó a saber. Se desperezó y se obligó a levantarse e ir hacia la ducha. Al pasar frente al espejo, se paró a contemplar con admiración el reflejo que mostraba: una mujer alta, delgada y atractiva, con la piel blanca como el mármol, sin un solo tatuaje ni una marca en la piel; grandes ojos verdes, pómulos marcados y labios carnosos. Todo un portento de la humanidad, pensó mientras entraba en la ducha y activaba la función de hidromasaje.

Media hora más tarde, su larga cabellera rubia perfectamente peinada en un cuidado moño y enfundada en un caro traje de alta ejecutiva, salió del vestidor y se dirigió al salón, donde su prometido la esperaba para dar cuenta del desayuno que los criados habían preparado. Los grandes ventanales de la suite presidencial del famoso Hostal de los Reyes Católicos, localizada en la planta 35, permitían ver desde arriba la urna de cristal donde la Catedral descansaba desde hace años. Entre los altos rascacielos circundantes se adivinaban, más que verse, los altos muros de la ciudad, y, a lo lejos, los edificios apelotonados de los barrios extramuros.

Delante de los ventanales, en el extremo de una larga mesa de cristal incrustada de pequeños diamantes, un hombre de estatura media y tez oscura, fuerte mandíbula y nariz aguileña comía pequeñas tostadas untadas de caviar mientras leía el periódico en su ordenador de muñeca. Al oírla acercarse levantó la cabeza y, con una sonrisa de medio lado y la voz melosa que le caracterizaba, se dirigió a ella con admiración.

- Buenos días querida Laura, te ves radiante esta mañana.

- Muchas gracias amor - respondió Asha mientras se sentaba a la mesa, se servía un poco de café y cogía un par de sabrosos pastelitos caseros de limón, sus preferidos.

- Esta noche dormirás sola, me temo, ya que en principio tendré que salir hoy de viaje.

- ¿Estarás fuera muchos días?

- Tal vez un par, le diré a mi secretaria que comunique a la tuya mi plan de vuelo.

Tras un copioso desayuno y una cálida despedida, Asha cogió su pequeño bolso de mano y entró en el ascensor. Al cerrarse las puertas, la superficie reflectante le devolvió de nuevo la imagen de la exitosa y bella Laura, empresaria de la banca y prometida al hombre más poderoso de la ciudad. Cuando el ascensor se paró, en el décimo subsuelo del edifico, el chófer esperaba pacientemente detrás del volante de la gran limusina negra.

- Al trabajo, por favor.

El hombre, que no tenía permitido dirigirse a sus amos, asintió levemente con la cabeza, encendió el coche y arrancó.

Tras quince minutos serpenteando entre los grandes rascacielos, la limusina se paró delante de la sede del banco de la república. Mientras la limusina se alejaba calle abajo, Asha contempló el edificio perlado, con sus cornisas repletas de gárgolas de oro macizo y su fachada de mármol blanco. Tras una última mirada de soslayo a lo que Asha pensaba que era la obscenidad más grande construida por el hombre, entró en el edificio y subió hasta su lujoso despacho.

Ocho horas más tarde, una cansada Asha salía del edificio y se dirigía con seguridad calle arriba, taconeando sobre sus caros zapatos de piel de serpiente de criadero. Mientras caminaba, repasaba mentalmente las operaciones realizadas durante el día, las personas a las que había visto y el dinero que había movido. Todos estos datos serían posteriormente registrados en su cuaderno de tareas para su posterior análisis.

Según se acercaba a las murallas de la ciudad, las calles se volvían más oscuras y en peor estado de conservación, los coches se hacían cada vez más escasos y la gente con la que se cruzaba tenía cada vez peor pinta. Tras meses sin ir a casa, poder volver era algo que se le hacía a la vez familiar y extraño. Las luces moradas y azules de neón del Destemplado aparecieron en una esquina. Echando rápidamente la vista atrás, para comprobar por enésima vez que nadie la seguía, se precipitó al interior del local. A esas horas, tan solo un par de chicas y el camarero poblaban el pequeño antro. Tanto unas como el otro la miraron con despreocupación mientras atravesaba el local con premura, hasta la escalera de la esquina y subía hasta su habitación.



Después de una rápida ducha en el pequeño baño de su habitación, Asha se miró en el espejo y despidió mentalmente a la bella Laura, al tiempo que retiraba el emisor holográfico estratégicamente escondido debajo de su lengua. La joven morena que salía poco después de la habitación no tenía ninguna semejanza con la sofisticada y delicada Laura.

Continuará.


Capítulo 3 - Asha - María Taboada
Capítulo 4 - El Enmascarado - Jóse Luis Modroño

Fuente : 4ever.eu

1 Response to "Aquellos tiempos del futuro - Capítulo 3"

  1. Creo que ya he encontrado personaje favorito...al menos por ahora

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