AQUELLOS TIEMPOS DEL FUTURO - CAPÍTULO 17 - 21st Century Schizoid Man

Aquellos tiempos del futuro
Capítulo 17


21st Century Schizoid Man

"¿Cuántos años hace ya que se publicó aquel libro?. Yo era muy joven, ávido por saber, por conocer los engranajes que mueven el mundo. Modernidad Líquida, decía. ¿Cómo podían aquellos hombres estar tan equivocados?. Aseguraban que sus estudios y sus investigaciones tenían como objetivo proporcionar un bien social, pero sus publicaciones no eran más que panfletos destinados a ser debatidos en estrechos círculos académicos y charlas universitarias. A pesar de todos sus estudios, de su especialización en sociología, didáctica, geografía humana o historiografía marxista, nunca consiguieron llegar a la mente de las personas. Aseguraban que nada podía predecirse ya, que el avance y los mecanismos de la sociedad eran completamente imprevisibles. La nueva sociedad no era ya sólida, sino como el agua, fluía, y por eso era necesario repensar las preguntas que antes nos habíamos hecho pero que habíamos dejado ya a un lado. Y de nuevo, cometieron el mismo error. ¿Qué hubiera ocurrido si la universidad hubiera sido de otra manera, abierta y comunicativa? Nunca dudé de la buena ética y moral de los jóvenes estudiantes -yo la tenía- que pronto se veían envueltos en la necesidad de tener un determinado número de publicaciones tras sus investigaciones, y de nuevo los mismos pasos, durante años discutiendo sus teorías en un aula cerrada con dos catedráticos de departamento y cinco alumnos de máster que habían ido a escuchar al doctorando por agradar a sus profesores. Algunos tenían suerte y conseguían una plaza de investigador que incubar durante años hasta poder ejercer como profesor y ser el cabeza de esa habitación cerrada. En sus despachos, libros de sus compañeros y alguna publicación propia entre los estantes. ¡Modernidad Líquida decían! mientras con fondos públicos traían al mejor especialista de Historia Medieval de la Universidad de Oxford a esa habitación cerrada. 

Lo tenían todo a su alcance. El mundo había cambiado. Hasta el mendigo podía leer a Proust, Borges o Bourdieu en una biblioteca. El obrero podía ver cuadros de Brughel el Joven en internet o la adaptación cinematográfica de Orlando. La cultura, la libertad, estaba en sus manos. Y mientras, culpaban a gobiernos, a corruptos, a la patronal, a los grandes empresarios y a los lobbies, al ciudadano "vago" que prefiere cobrar el paro a trabajar, al inmigrante que venia a quitarles su trabajo, a los extranjeros que venían a operarse... se estaban condenando a sí mismos mirando hacia otro lado, a alguien a quien echar la culpa de sus males porque no tenían el valor de mirarse a sí mismos. No tenían excusa, el individuo tomaba sus decisiones. El individuo eligió la muerte. Ya se sabe, o al menos siempre se ha dicho así, que las comodidades de la modernidad son irrenunciables, sobre todo para el que las disfruta. ¿Y qué mejor vida que aquella que ni siquiera tenemos que organizar nosotros? ¿Qué mejor que una estructura, un guión facilitado? En este contexto todo era muy sencillo. Mientras Shakespeare y Marx sólo fuesen rescatados para una citación en el Facebook, todo marcharía bien. Así, se fueron substituyendo hábitos activos por otros pasivos. ¡Pero que nadie se equivoque!, nunca se practicó imposición de ningún tipo, al ciudadano se le facilitó lo que demandaba, ni más ni menos, como una práctica perfecta de La riqueza de las naciones. La sociedad estaba cansada, ya había luchado por sus derechos y había vencido la democracia, ahora quería descansar. Necesitaba que esa misma democracia que había fraguado cuidase de sí misma y de los individuos que le dieron vida. Todo esfuerzo tiene su recompensa. La administración de la vida y la despreocupación por la reflexión moral fue una evolución justa, necesitada y solicitada. Por supuesto no faltaron críticas, durante décadas, por parte de los que se encerraban en sus habitaciones con un ejemplar de su libro en la mano, pero eso no supuso ninguna amenaza.

La misma democracia también tuvo que proporcionar al pueblo una nueva opinión pública y un campo para poder ejercitar su pasividad como ciudadano; las redes sociales, la televisión y los bares. Algunos clamaban por el "secuestro de la opinión pública" por parte de poderes políticos y económicos, pero se equivocaban; la opinión no se tomó, fue delegada por los mismos ciudadanos en las élites políticas y económicas. Se fomentaron los sentimientos de cohesión y de pertenencia al grupo y todos aquellos (pocos) que no participaron de la nueva sociedad fueron excluidos. La información estaba por todas partes, accesible a todas las personas, que no contaban con herramientas de selección y análisis de dicha información, con el consecuente efecto desinformativo que ello conlleva. 

A decir verdad, he de admitir que nosotros también pusimos de nuestra parte a todo este asunto. No obstante, no nos queremos llevar el mérito, éste es en exclusiva para el ciudadano, que demanda, cada vez con más fuerza que su vida sea más sencilla. Nosotros sólo somos fruto de esa misma sociedad autopurgable, la que nos ha creado y traído hasta este mismo momento. Somos la sociedad. Siempre es más sencillo culpar a aquellos que hemos elegido para que nos representen en lugar de admitir nuestra parte. Y por ello, es primordial cubrir esa necesidad social, que es la de omisión de culpa, o eliminar directamente cualquier sentimiento de culpabilidad propio y proyectado en el otro. ¿Hay vida más sencilla que la de una máquina, más cómoda, más inmortal?"

Tras esperar largamente a que las páginas del libro que había activado sus pensamientos fuesen completamente consumidas por el fuego, el desconocido levantó la mirada para seguir caminando. Lucía un traje azul oscuro, casi negro, con camisa blanca y corbata a rayas púrpuras. Su figura desprendía elegancia y autoridad, pero sobretodo seguridad, como aquel que conoce exactamente dónde se encuentra la salida del laberinto. El mendigo ya había repetido tres veces su petición de limosna pero cesó en cuanto vio que el hombre se marchaba. Se preparó para arrojar otro libro al fuego con el que calentaba sus manos.

"Los acontecimientos se han disparado una vez más, como aquel 14 de Julio de 1789 en las calles de París, como aquel noviembre de 2015. Todo se encontraba ya justificado, aceptado y legitimado por las mismas masas. No se puede detener el progreso, el ser humano es el progreso en su esencia, su resultado y prueba irrefutable de que su límite únicamente se establece en la extinción."

Paradójicamente, no eran los bomberos de Ray Bradbury los que habían acabado con el hombre, sino el hombre mismo.


Capítulo 3 - Asha - María Taboada.
Capítulo 4 - El Enmascarado - Jóse Luis Modroño.
Capítulo 5 - El Inspector  - David Taboada.
Capítulo 6 - Áine - Emilio Armada.
Capítulo 8 - Andrés Tártaro - José Luis Modroño.
Capítulo 9- El Inspector - David Taboada.
Capítulo 11 - Consecuencias - María Taboada.
Capítulo 12 - El Ojo Blanco - José Luis Modroño.

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